QUERIDA… (NARRATIVA)


El enemigo ha desaparecido, de nada ha servido el esfuerzo de mis hombres. Ahora, enfrente nuestro solo hay cuerpos sin vida de nuestros compañeros, enterrados por el barro mutilados por las bombas.

Mientras se dedican a recoger las chapas de identificación de los soldados muertos, voy observando este dantesco escenario. Un poco más alejado, escondido entre unos sacos de tierra, hay un soldado de pie. Un reflejo, me hace ver como si el cuerpo se moviese. Corro hacia él con la esperanza de que todavía este vivo. Por desgracia su suerte ha sido como la del resto, el agujero de una bala atraviesa su pecho.

Es extraño, tiene los ojos abiertos y una leve sonrisa en sus labios, como si hubiese muerto feliz. En su mano izquierda, sujeta un papel. Suavemente se lo quito de la mano y lo guardo en el bolsillo izquierdo de mi casaca. Con los dedos cierro los ojos de aquel joven soldado que no parecía haber visto lo que venía enfrente.

Hemos cumplido con nuestro deber. Ya están los cuerpos envueltos en viejas mantas y ha sido puestos en modestas cajas de madera para llevarlos de vuelta a casa. El resto del trabajo es cosa de los helicópteros que se encargarán del traslado.

Tumbado en el lateral del cuartel y acompañado por la música de un viejo gramófono empiezo a leer esa carta, que mal escrito con sangre tenía el nombre de una mujer.

Estoy tan confundido como mojado, mis pensamientos se cruzan con imágenes del pasado y hago todo lo posible para ver algún futuro. Un futuro escondido tras esta pared de barro de la que poco a poco a medida que pasa el tiempo me da la extraña sensación que voy a formar parte, un futuro que está en cada una de las balas, en el cruel silbido del mortero, en cada una de las estremecedoras explosiones que cada minuto te recuerdan que esa puede ser la última que llegues a escuchar.

Nada ha sido agradable desde que llegue aquí, en este lugar todos somos enemigos, enemigos de uno mismo. Mentes en blanco, bocas cerradas, todos intentando olvidar donde están, dejando pasar el tiempo, viendo como muy lentamente pasa un segundo, dos y así sucesivamente, hasta que la manecilla da la vuelta y vuelve a comenzar. Ni un solo movimiento, inmóviles como marionetas a las que cortaron los hilos, sin esa mano que empuje nuestras extremidades, calados hasta los huesos por la fría lluvia que no cesa de caer, sin que el pobre calor de las hogueras sea suficiente para hacer sentir alguna sensación a estos cuerpos incapaces de sentir ni el frío ni el calor.

Y yo, al igual que todos, incapaz de encontrar cobijo a mi alrededor, intento escribir cualquier cosa que me ayude a recordar aquello que hace algún tiempo me hizo sentir que estaba vivo. Recuerdos perdidos en el tiempo, de los que me cuesta separar la realidad de la imaginación, como un sueño agradable que me hace olvidar que estoy aquí. Tenía un presente, un pasado y un futuro, hasta que llegue aquí, ahora el tiempo se ha parado y el pasado se ha disipado y el futuro se aleja cada vez más.

Ayer, como casi todos los días encontramos un compañero más enterrado bajo el barro, rígido y sin expresión en la cara, abrazando una pequeña fotografía casi desecha por el agua, apretada con fuerza contra su pecho y la que nadie se atrevió a coger. Que absurdo es dejar la vida aquí, muchos ya han muerto otros tantos morirán por el absurdo ideal del poder, por la más cruel de las acciones que el hombre puede llegar a realizar la Guerra. Es entonces cuando veo todo lo que me rodea, cuando levanto la mirada al cielo y no veo luz alguna, todo está cubierto por las nubes, todo tan oscuro como nuestra propia existencia.

¿Dónde estás Tú ahora?, no eres capaz de ver cuanto te necesitamos, ¿no te das cuenta de lo que está ocurriendo, o es que ya no te acuerdas que somos hijos tuyos?. Tal vez también Tú te has quedado quieto al ver todo aquello que está destruyendo esa imperfecta creación a la que un día le diste vida sin poder imaginar de que forma iba a ser capaz de quitarla.

¿Porque nos abandonas cuando más te necesitamos?.

Deseando que todo termine pronto, despertamos por las mañanas. Cuerpos cansados y mojados levantándose de un colchón de barro, dispuestos a sufrir un día más, y allí tirado en el lodo hay un cuerpo que todavía no ha despertado. El agua corre bajo su mal colocado casco como si de un manantial se tratara, luego esa misma agua clara y cristalina emerge por el cuello rojiza y espesa, cae gota a gota encima de un pequeño y grueso libro mal enrollado con trozos de su camisa mojada. El libro tenía un agujero en el centro, otro que ha elegido el camino más fácil, corto y cruel para salir de aquí.

Entiendes porque te necesito, porque te escribo, ahora eres tú lo único por lo que merece seguir viviendo, sabiendo lo lejos que estás y que nuestro amor jamás desaparecerá a pesar de estar viviendo todo este odio que me rodea. Tú eres el aliento y el aire que necesito. Cuando miro al cielo, entre algún claro, veo dos estrellas, y en ellas tus ojos, se que me miran y están pendientes de mí, les describo cada parte de tu ser para que cada noche al salir te puedan encontrar, les cuento como has estado toda tu vida a mi lado, y les pregunto como estás, si algún día volveré a estar junto a ti, si esto terminara pronto para poder volver a casa y encontrar el calor de los seres queridos si ellas pueden cambiar el destino que en cada uno de sus destellos parece tenemos escrito.

Esta noche no he podido dormir, en sueño frío me anunció lo cerca que esta mi fin. He visto la muerte como un ave extraña, sin vida en sus ojos, planeaba en silencio sobre nosotros. No pude evitar mirarle a los ojos, cuanta oscuridad, su mirada recorrió todo mi cuerpo de arriba a bajo y notaba como me quemaba. Sin saber como escapar, intente correr tan rápido como podía, pero por más que lo deseaba no me movía y ella se acercaba cada vez más lenta y silenciosamente. Intente sacar con todas mis fuerzas los pies de las botas clavadas en el barro pero todo era inútil. Viendo que nada podía hacer intente despertar y terminar con esta pesadilla, pero ya era demasiado tarde, se había adueñado de mis sueños hasta mi propia vida ya le pertenecía. Escuche una carcajada y noté como clavaba sus afiladas garras, como mi carne se desgarraba al levantarme del suelo. Subimos hasta lo más alto, planeamos durante un momento y vi ese mundo que nunca antes había visto brillante y transparente como un oasis en medio del árido desierto, ¿el lugar perfecto para morir?. Entonces me soltó y caí al vacío, y pude ver como se acercaba veloz el final, mientras oía como ella todavía reía.

Al despertar asustado miro sus caras para ver si todavía seguimos vivios, todos parecen haber tenido la misma pesadilla esta noche. Alzó la mirada al cielo y entre los claros de las nubes, asoman unos rallos de luz, volvemos a ver el sol después seis días aquí.

Todo está quieto y en silencio. Algunos con la cabeza entre las piernas lloran desconsolados, otros arrodillados rezan al cielo, pero nadie dice nada, nadie es capaz de consolar a los demás. Nerviosos con los ojos bien abiertos buscamos alguna señal del enemigo y este no se deja ver. No hay nada ni nadie tras esta pequeña trinchera, sin apenas munición ni alimentos a merced de nuestros verdugos esperando que lance la ofensiva final.

Un agudo silbido rompe irrumpe en el silencio, era la señal que tanto tememos, tras este un estallido. Las explosiones se acercan hacia nosotros, tengo miedo mucho miedo, el frío se ha vuelto calor y la humedad amargo sudor. A mi lado unos disparan cegados por el miedo hacia todas direcciones sin saber donde está situado el blanco, es el pánico quien aprieta los gatillos de armas sin munición.

He lanzado lejos de mi ese frío acero, incapaz de disparar contra alguien que nunca he visto y contra el que nada creo tener, las ordenes de un superior no pueden hacer sentir odio por alguien que al igual que yo, ha sido obligado a venir aquí, alguien que como yo ha sido alejado de su casa lejos de sus seres queridos, prefiero morir a vivir como asesino.

Lentamente como las hojas en otoño van cayendo muertos mis compañeros, llenando esta pequeña trinchera que sin embargo tan gran tumba me parece.

Me he quedado quieto, un objeto veloz silba cortando el viento, se que viene hacia mí y nada quiero hacer, mi mente está bloqueada y mis piernas no dejan que me mueva. Todo a mí alrededor se ha detenido, ya no se oyen disparos, los soldados muertos han desaparecido. Una intensa luz blanca envuelve todo mi ser, grito y nadie me escucha, nadie responde en mi ayuda. Las manecillas del reloj marcan el medio día, el sudor se ha secado, y mi cuerpo se ha vuelto frío. ¿Qué sensaciones tan extrañas estoy sintiendo?.

Ahora recuerdo haberlas tenido, anoche mientras dormía las pude sentir por primera vez, pero a ella no la logro ver surcando el cielo, ¿donde se ha escondido?, tampoco oigo su carcajada, ni el movimiento sus alas. Siento que camino solo por este túnel donde todo es luz a mí alrededor, tal vez no era tal como lo había soñado.

Noto como algo va desgarrando esta gruesa chaqueta, siento como quema por un instante mi fría piel, como penetra parte de mi cuerpo y se aloja dentro de mí. El dolor es muy fuerte y sin embargo no puedo llorar, no consigo gritar, extiendo mi mano y no encuentro a nadie a mi lado al que poderme agarrar, ¿ nadie ve que me estoy muriendo?, ¿ dónde están los demás?, y tú, ¿donde estás tú?, no me dejes aquí, solo ante esos oscuros ojos porque pronto me alejara definitivamente de ti.

Así, agárrame fuerte, envuélveme con fuerza con tus brazos y haz que de nuevo me sienta protegido, que desaparezca este absurdo miedo. Puedo oler el pelo recién lavado, el azahar que tu ropa desprende, la lavanda que tu piel cubre, ves ahora ya estoy mejor, el dolor se ha desvanecido, y después de tanto desearlo de nuevo te tengo a mi lado, los dos juntos como siempre debimos estar, ahora ni nada ni nadie nos volverá a separar. Te veo más joven, más hermosa, ¿ qué has hecho durante este tiempo que he estado ausente?, quiero que me lo cuentes todo, o mejor cántame una canción, susúrrame esas melodías al oído, cuéntame bajito los secretos que compartías cuando sólo era un niño, bésame en la mejilla como antes lo hacías mama.

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