anoche soñé contigo


la otra noche soñé contigo

soñé que estabas sentada en una vieja placeta del centro

con el suelo de adoquines recién mojados

por la maquina que limpia las calles.

llevabas unos pantalones blancos un poco anchos,

que a la luz de sol dejaban imaginar la silueta de tus piernas

bajo una sombrilla contemplabas cada uno de los balcones que te miraban

de fachadas antiguas llenas de profundas grietas.

apenas si se escuchaba el aletear de las palomas que se acercaban hasta ti

esperando que les dieras cualquier migaja.

le pediste con una leve sonrisa un cortado al camarero

y entonces me acerque hasta tu mesa

me agache y recogí del suelo un separador de hojas que te había caído del libro que llevabas leyendo desde hace unas semanas.

tu mirada era clara

la luz sobre tu rostro iluminaba las finas líneas el tiempo

solo susurraste a media voz Gracias.

 

se levanto el viento para jugar con tu pelo

trajo el aroma de un café cargado diluido con la blanca leche

e hipnotizado por esos labios que parecían sonreírme

te pedí poder sentarme a tu lado

y pode hacernos compañía en mitad de aquella solitaria placeta

con un parpadeo pausado asentiste mi petición

algunas de las persianas que antes te observaban se cerraron de un seco golpe

y las palomas asustadas marcharon de tu lado

el cielo comenzó a emborronarse

el cielo comenzó a emborronarse

en tu pequeña taza las olas rompieron al caer la primera de las gotas que el cielo sujetaba.

tus ojos se alzaron mirando a lo alto

y al bajar se cruzo con la mía

sin decir nada

tome entre mis manos

tu taza, y nos metimos apresurados dentro de aquel café.

donde el olor impregnaba cada tablón

aroma de café,

aroma de hierbas

aroma de tabaco fumado en pipa

y nos sentamos en uno de los rincones

rodeados de madera añeja

y observados por la mirada de unas fotografías de viejos escritores que dejaron su firma y su huella en los bordes de las mesas.

el camarero sirvió mi infusión

una mezcla de hierbas traídas del lejano oriente

que desprendían recuerdos de las mil y una noches

guardaste tu libro mientras mi mirada acompañaba cada uno de tus movimientos

inmersos en aquel escenario de finales del siglo vio

comenzó nuestra historia

como si alguno de los habitantes de esos marcos

empezara a escribir de nuevo

cruzamos unas palabras, solo pura cortesía para poder apaciguar los nervios

y poco después

fue real nuestro encuentro

como dos aves surcando el cielo

compartiendolo entre los dos

tu mente mi pensamiento

mi pensamiento dentro de ti

recuerdo como cerrabas los parpados, como tus labios se estremecían y tu cuerpo se abalanzaba apenas unos centímetros

para

sorber tomar unas gotas de tu ya casi frio cortado

esa imagen de placer de satisfacer un deseo quedo grabada durante unos interminables segundos

y al dejar la taza sobre el lugar de donde la habías tomado

me preguntaste

A caso no te gusta el té que te han servido?

demasiado amargo me parecía tras ver tan dulce escena

que siquiera pensaba en probar

cuantas veces había soñado con una mirada tuya

cuantas veces soñé el silencio de tus palabras

 

mientras yo no te miraba

sentía tu respiración a dos palmos

subiendo y bajando imperceptible tu pecho

las pestañas filtrando los rayos

los ojos enfocados

pero no sabía descifrarlos

era la primera vez que te miraba

sólo sabía que todo se había parado

desdibujado el contorno de la plaza

y sentía mis labios ardiendo por dentro

para sofocarlos

miré la taza imagine

que te besaba

y rocé sus labios con mis labios

muy despacio

para que no notaras

lo que me pasaba

luego la brisa

me devolvió el tiempo

y el camarero se acercó a la mesa de al lado

tú ya no estabas

de pronto todo volvía a tener color

las sombrillas

las mesas

aleteo de palomas

niños que juguetean

y el sitio vacío

miré hacía el marca páginas

y esperé a que regresaras

y en el transcurrir de unos segundos

sobre la silla

el viento debió llevarlo hasta allí

un minúsculo trozo de papel

doblado varias veces sobre si mismo

Temí abrirlo

lo tuve en mis manos

sudando

al final lo estiré con cuidado sobre la mesa

Decía

“No sabes el tiempo que te llevo esperando”

 

 

 

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