TU REGALO


El tren partió y se alejo de nuevo de mí, otra vez sin saber cuándo la volvería a ver.

Abandoné la estación con sentimientos contrapuestos. Me había regalado una de las noches más hermosas, me sentía feliz, como un niño que busca los regalos esperados el día de reyes y encuentra aquello que deseaba y no se atrevió a pedir. A la vez me sentí apenado, demasiado rápido paso el tiempo.

Llegué y me tumbé en la cama la noche había sido larga y apenas si había dormido. Pronto caí en un sueño profundo.

Respondí ilusionado aquella llamada, busqué un rincón en la acera donde los coches no interrumpieran con su ruido la conversación. Sus palabras me dejaron aturdido sin saber que responder ni que decir, y cuando escuche el sonido agudo del auricular reaccioné y volví a la consciencia. Tembloroso regrese al despacho dejando fuera el ruido de la ciudad y me aislé entre números sin sentido. Enormemente disgustado pasa la noche en vela, pensando porqué las cosas se complicaban tanto para poder pasar un día juntos, porqué las cosas no eran más sencillas, porqué me sentía ignorado, abandonado y no reconocía en su comportamiento a esa persona que era capaz de hacerme soñar con solo verla sonreír. A la mañana siguiente y con la tranquilidad que da el escuchar una voz serena y cariñosa se fueron alejando algunas de las malas sensaciones que la noche y la mente hicieron llegar. Y de nuevo la recocí y con una sola frase me hizo sentir mejor. Ya no vendría aquella noche planeada durante semanas, ya no la tendría a mi lado ese fin de semana tan esperado, el primero que íbamos a pasar juntos desde que nos conocíamos.

Mi sobrina se retrasaba más de lo normal, ya hacía unos minutos que me dijo que estaba al llegar y al no poder entender que ocurría empecé a ponerme nervioso. El móvil no dejaba de sonar, estaban por empezar a cenar y esperaban que les diera una respuesta concreta, pero no podía predecir cuánto tiempo más iba a tardar mi sobrina en llegar. Ya de por sí mis ganas de ir no eran demasiadas desde que ella me dijo que no vendría y la espera estaba apuntalando más si cabe las ganas de llamar para pedir disculpas por no asistir a la cena. El reloj marcaba las 9:54 mi cabeza empezó a divagar imaginado cosas imposibles o quizás el deseo se adueño de ella y empecé a pensar que tal vez el retraso y la misteriosa desaparición de mi sobrina eran por una extraña y agradable causa. El corazón comenzó a latir aceleradamente, aumentaron los nervios y un sudor frío empapaba mi frente. Un coche se acercó, el motor anunciaba que venía con prisas, dio la vuelta en la calle de arriba, y yo fui a abrir la puerta para salir.

Quisiera haber parado ese momento, que no terminara nunca ese abrazo, el sentirte contra mi cuerpo tembloroso. Cayó de golpe al suelo todos los sentimientos acumulados como si me hubieran quitado la pesada armadura tras un largo combate. De nuevo olí el perfume en tu pelo, de nuevo escuche el timbre de tu voz “PENSABAS QUE TE IBA A DEJAR SOLO”.

Ni intentándolo con todas mis fuerzas pude dejar de mirarla, mientras hablaba, reía y de vez en cuando me miraba. A unos metros de mí, amiga, amante, confidente, sueño y deseo, un avión la trajo por unas horas hasta aquí. Una vez más me hizo sentir especial, como el primer día que la conocí, una vez más me hizo ver lo afortunado que era y porque la quería tanto, nunca podré agradecer lo que haces por mí.

Y sin ser capaz de asimilar el regalo recibido, me dejaste otro envuelto con tu cariño. Me regalaste el despertar a tu lado.

Entre en el coche y volvía a casa. Llegué y me tumbé en la cama la noche había sido larga y apenas si había dormido. Pronto caí en un sueño profundo.

Su cuerpo permanecía inmóvil, su rostro pegado al mío, sus ojos cerrados y yo intentado imaginar que sueños pasarían por su mente.

Las sabanas negras dibujaban su silueta, ladeada sobre el colchón medio tapada completamente desnuda. Mis manos acariciaron su cadera, notaba su aliento, olía el perfume que aquella noche no la había abandonado siquiera en aquel lugar de salsa donde pasamos unos intensos momentos de bailes y caricias de besos y miradas, donde resaltaba por encima del humo de los cigarrillos y demás olores. Mis manos aceleradas recorrían su piel, y ella seguía durmiendo, cada vez nuestros cuerpos más próximos, apenas un leve movimiento y mi mano se perdió entre sus muslos, sus piernas rozaban las mías sus labios permanecía dormidos. Intentaba no despertarla, apenas si quedaban unas horas para que su tren partiera y quería que descansara, pero era inevitable frenar el deseo, reprimir las ganas de poseerla y sentirme una vez más dentro de ella. Lentamente sin despertar se dio la vuelta, su trasero se apretaba fuerte contra mi cuerpo, su espalda se fundía contra mi pecho, sus pechos quedaba desnudos entre su pelo y las sabanas, mi manos apartaban su pelo y acariciaban su pecho, sus pezones despertaban, y mi miembro se perdía abriéndose paso entre sus piernas. Seguía dormida, excitada, húmeda y ofreciéndome su cuerpo. Lentamente la penetré, sólo un poco para sentir el calor de su interior y fundir nuestros flujos. Escapo de sus labios un suave gemido y acercó su cuerpo buscando el mío. Un leve movimiento y me encontraba un poco más dentro de su cuerpo. Parado sintiendo el circular de mi sangre por las venas dilatadas de mi bálano, como el músculo se dilataba y contraía como si yo nada pudiera hacer para evitarlo. Mi cuerpo sobre su espalda, mis labios acariciando su nuca, su piel erizada, el calor de ambos. Lentamente sus parpados se levantan, abre su boca y suspira fuertemente. Susurro al oído “despertaste amor”, y son recibir contestación, me vi bajo su cuerpo. Su silueta rompía a contra luz los rayos del amanecer. Su rostro medio dormido reflejaba el deleite que ambos sentíamos en ese instante, sus movimientos me incitaban a seguir buscando el orgasmo con que darle los buenos días y fundirnos en unos instantes de intenso placer.

Mis manos agarradas a sus caderas ayudando a seguir el movimiento y la intensidad de su cuerpo. Un beso, dos lenguas entrelazadas, la respiración cortada, corriéndonos los dos.

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2 comentarios to “TU REGALO”

  1. Uffff, si ha sido capaz de regalarte una noche así…y te hizo sentir de tal modo…yo no la hubiera dejado escapar, no hubiera permitido que subiera al tren del desdén y el olvido…simplemente la hubiera raptado…pero claro… para eso hay que ser un romántico….

  2. Es precioso Raúl, digno de presentarlo a concurso…pero si no ganas, no te preocupes porque tus relatos ya nos han conquistado nuestros corazones.

    Un abrazo.

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