TU PRESENCIA


Los aspersores dejan de rociar el jardín, oscuro está mí alrededor, cubierto por la silenciosa noche, siento en mi piel su calor. Apenas una leve brisa cargada de aromas entra por los huecos de la fina tela metálica, aliviando esta veraniega sensación. Medio ladeado, abrazado a la almohada, escucho el latido de mi corazón, el suave murmullo de mi respiración y el rozar de mi cabello contra la tela que cubre la almohada al compas que marca el lento movimiento de mis pulmones, la sabana apenas si cubre mis pies más fríos que el resto de mi cuerpo. Luces y sombras dibujan la última imagen de mi habitación la mesita, la vela decorada con letras chinas que hay sobre ella, el armario un cuadro que adorna la pared y al puerta medio abierta por la que entra un tenue resplandor de luz, que la luna manda para iluminar el pasillo, y en el centro, los números rojos que marcan la hora en el despertador al cerrar los ojos 01:22. Se calma la brisa, aumenta el calor y se aceleran los latidos. El templado hierro forjado del cabezal que apenas toca mis dedos es lo último que siento antes de quedarme dormido. Frente a mi noto una presencia, no sé si estoy dormido o despierto todavía, incapaz de hacer que mis parpados obedezcan las ordenes que mi consciente manda, tal vez por el miedo inconsciente a tan fuerte presencia. El diablo, B******, Satanás, Lucifer, el anti-Cristo, mi mente se deja llevar por la imaginación, el miedo se apoderaba de mí ser. No puedo abrir los ojos por el temor a encontrar la silueta de este ser recortando el rectángulo de tenue luz que entra desde el exterior a través del ventanal. Ahora siento el latido en mi sien, el fino silbido del aire que entra acelerado por mi nariz, como cada poro empuja el bello de mis brazos alzándolos y una gota de sudor brota en mi frente deslizándose por mi piel hasta llegar al final de mi cuello. Siento algo que me oprime la boca del estomago y mi cuerpo se encoge en posición fetal. Y como si de una tempestad se tratase un segundo después llega la calma, esa presencia se torna paz y sosiego. Siento como esos ojos me miran. Como leen cada una de las palabras que llegan a mi mente para intentar describir ese momento. Ahora sé que es tu presencia la que siento. Tú que lees aquello que en las noches viene a mi mente, frente a esa pantalla, imaginando lo que describo y haciendo tuyos algunos detalles, que con letras no llego hacerte ver, dejando penetrar los aromas que el romero, el césped y la tierra mojada liberan tras el fino riego, todo eso mi subconsciente retiene hasta el despertar de la mañana siguiente.

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